El marco de la foto tenía los bordes pulidos, como si alguien los hubiera acariciado muchas veces.
Luciana sintió un destello de envidia.
Eso… eso debía ser el verdadero amor.
Y no todos tenían la suerte de encontrarlo.
Algunas tenían que conformarse con una pesadilla disfrazada de amor.
Sebastián notó la emoción en los ojos de Luciana y apretó los labios un poco.
—¿Aún crees en el amor?
Luciana no dudó ni un segundo.
—No.
Ese tipo de charlas no le parecían apropiadas para tenerlas con Sebastián