Cuando vio que Luciana se acercaba, el profesor Manolo fingió estar concentrado observando los peces.
—Profesor, ¿quiere que prepare algo de cena? —preguntó Luciana. Él vivía solo. Aunque su familia había intentado contratar a alguien que lo ayudara, él no lo permitía. No le gustaba tener extraños en casa. Prefería cocinar él mismo, incluso si eso significaba comer solo.
Lo que mejor sabía preparar eran fideos.
—Hoy invito yo. Vamos a cenar afuera —dijo el profesor Manolo.
—Suelo cenar tarde, as