Era jueves. El evento anual de relaciones comerciales de la firma. Todo estaba perfectamente organizado: catering, protocolo, presentaciones impecables, invitados de peso y cámaras por todas partes. Yo llevaba un vestido negro ajustado hasta la rodilla, discreto, pero lo suficientemente provocador como para que Fabián no dejara de mirarme desde su oficina desde que llegamos.
—Deja de verme así —le dije cuando me tomó de la cintura antes de bajar al salón de eventos.
—No puedo evitarlo —susurró