Habían pasado cinco meses. **cinco meses de amor, de calma, de risas y noches largas entre caricias**. Era como si, después de tanto infierno, la vida nos hubiera dado un pedazo de cielo.
Fabián y yo habíamos logrado estabilizarnos, **nos reconstruimos**, y con cada día que pasaba me enamoraba más de su versión paciente, de su hombre celoso pero respetuoso, de su risa de madrugada y de cómo me abrazaba sin decir nada cuando me sentía insegura.
En el trabajo todo iba mejor que nunca. La alianza