Capítulo 62

No habían pasado ni diez minutos desde que Fabián se encerró en su oficina cuando volvió a aparecer. Abrió la puerta de golpe, con esa energía arrogante que me ponía los pelos de punta.

—Ana, ven conmigo —ordenó con la mandíbula tensa.

Levanté la mirada desde mi escritorio y lo miré sin moverme.

—Estoy trabajando —le respondí, intentando mantener la compostura.

—No me importa. Levántate —repitió, acercándose a paso firme.

—No me interesa escucharte —dije con frialdad, aunque por dentro se me re
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