El resto del día lo dediqué por completo al proyecto. Me sumergí en los documentos, los análisis financieros, los planes de inversión y los objetivos compartidos entre la empresa de mi padre y la de Fabián. Quería estar lista. Quería demostrar que más allá del caos emocional que me había sacudido los últimos meses, seguía siendo una profesional capaz.
No volví a ver a Fabián en todo el día.
Ni un mensaje. Ni una aparición inesperada.
Y esa ausencia, lejos de tranquilizarme, me mantuvo tensa. Él