Me subí al bus, temblando. Sentía un vacío en el pecho. No podía permitirse ser tan sucio, tan bajo. Me quería manipular… y lo peor es que sabía cómo.
Llegué a casa agotada, empapada y con la cabeza a punto de explotar. Cociné algo rápido, nada con sabor, pero suficiente para no irme a la cama con el estómago vacío. Solo quería dormir.
Pero justo cuando me metía en la cama…
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Golpes secos y fuertes en la puerta. Bajé de inmediato.
Mi casa, aunque enorme, ahora parecía un eco de