Intenté seguir la noche como si nada. Reí un poco más, brindé con Diana y Sofi, y hasta fingí que bailaba con ganas mientras Mathias me tomaba de la mano. Pero ya no era igual.
Algo en mí se había apagado. O se había roto. No sé. Tal vez ambas.
La imagen de Fabián cruzando el bar, la rabia en su rostro, su voz gritando frente a todos... y luego, ese desdén calculado, esa forma de lanzarme a la indiferencia como si fuera basura. Todo eso me seguía como una sombra.
Y encima, los malditos informes