Eduard la esperaba en el recibidor, traje oscuro, camisa sin corbata, móvil en la mano. Cuando la vio bajar, bloqueó la pantalla y la guardó en el bolsillo.
—Vamos justos —dijo él—. ¿Lo tienes todo?
—Sí —respondió ella.
—¿Ya os vais? —Natalia apareció en el pasillo, apoyada en el marco—. Qué rápido se organizan los viajes últimamente.
Eduard no la miró.
—No tengo tiempo para esto —dijo.
—Pues yo sí —replicó ella—. Al menos para preguntar por qué te llevas a tu prometida a una negociación de la