El salón quedó en silencio absoluto.
Ethan acababa de pronunciarlo:
—Solo he venido a hablar con Sofía.
Ni una risa.
Ni un murmullo.
Ni un cubierto chocando.
Nada.
Sofía sintió cómo cien ojos se clavaban en ella… y cómo los de Eduard ardían justo a su lado.
Él avanzó un paso, colocándose delante de Sofía, como un muro entre ella y Ethan.
—No tienes nada que hablar con mi prometida —escupió Eduard, con la voz cortada y tensa.
Ethan sonrió apenas, con el descaro de quien sabe que está apretando una herida sensible.
—No te pongas nervioso, Eduard. Solo era una conversación profesional.
Eduard no parpadeó.
—Lárgate.
—No hasta que Sofía me diga que no quiere hablar conmigo.
Todos miraron a Sofía como si el mundo se hubiese detenido.
Sofía sintió la presión de las miradas de políticos, socios, empresarios…
Y la más pesada: la de Isabel Wood.
—Yo… —ella tragó saliva.
Ethan la miraba como si ya supiera la respuesta.
Eduard… como si temiera escucharla.
Sofía respiró hondo.
—Ahora mismo no pued