El salón quedó en silencio absoluto.
Ethan acababa de pronunciarlo:
—Solo he venido a hablar con Sofía.
Ni una risa.
Ni un murmullo.
Ni un cubierto chocando.
Nada.
Sofía sintió cómo cien ojos se clavaban en ella… y cómo los de Eduard ardían justo a su lado.
Él avanzó un paso, colocándose delante de Sofía, como un muro entre ella y Ethan.
—No tienes nada que hablar con mi prometida —escupió Eduard, con la voz cortada y tensa.
Ethan sonrió apenas, con el descaro de quien sabe que está apretando u