Luisa hizo resonar sus tacones y cruzo sin permiso la puerta de la oficina de su padre la cual azoto cerrando.
—Me vas ha decir ¿Qué hacia esa mujer aquí? —inquietó con su pecho ardiendo.
Antonio seguía sentado en su silla de cuero mirando por la ventana de aquella oficina, donde pasaba sus tardes solitarias, ver a Vivian le recordaba, lo equivocado que estuvo.
Al escuchar el reclamo de su hija menor, tomo aire: —Ella es tu hermana.
—Esa mujer no es nada mío. —Luisa paso su mano por su ca