Las manos de Sofía temblaban levemente, y su corazón latía acelerado de una manera que no entendía. Había descendido del taxi, con dudas invadiendo su cabeza. Observaba el edificio frente a ella mientras el murmullo de la gente a su alrededor retumbaba en sus oídos.
Tomó aire.
Ingresó al lugar. Preguntó tímidamente al recepcionista, un señor de edad, por Sergio, y él, con toda amabilidad, la acompañó al pequeño ascensor en un silencio cómodo.
Cuando las puertas se abrieron, dio un paso hacia af