—La cirugía fue un éxito —dijo el doctor por fin, con voz grave y pausada—. Pero el paciente necesita reposo absoluto. No podemos asegurar cuándo abrirá los ojos. Podría ser en unas horas… o en unos días.
El aire pareció detenerse. Nadie se atrevió a moverse.
La sala quedó suspendida en un silencio expectante, solo interrumpido por el sonido lejano de un monitor cardíaco y el tic-tac monótono del reloj.
Thea sintió que las piernas le temblaban, pero su sonrisa no se borró.
Se aferró al respaldo