El silencio que siguió fue tan profundo que se podía oír el zumbido de las lámparas.
Era un silencio pesado, asfixiante, lleno de miradas que evitaban cruzarse, de respiraciones contenidas y corazones que latían con furia contenida.
Mayte fue la primera en romperlo.
Se levantó despacio, con una expresión que mezclaba incredulidad y miedo. El aire pareció congelarse cuando habló:
—¿Qué clase de juego es este, Thea? —preguntó con voz quebrada, pero llena de coraje—. ¿Qué has hecho con Victoria? ¿D