Mayte miró al hombre con horror, su corazón latía con fuerza, y un escalofrío recorrió su espalda.
—¡No te acerques o te mataré! —gritó ella, su voz resonando en la habitación oscura.
De pronto, una música sensual comenzó a sonar, llenando el aire con un ritmo hipnótico.
El hombre, con un movimiento inesperado, comenzó a bailar lentamente, y sensual, moviendo las caderas de una manera que la dejó sin aliento.
Con cada paso, se despojaba de su ropa, primero la camisa, luego el pantalón, revelando