Manuel se apresuró hacia la habitación, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Antes de entrar, alguien lo detuvo, informándole que había alguien esperando por él.
Una sensación de inquietud lo invadió, pero no podía permitirse dudar.
Con un gesto decidido, empujó la puerta y entró rápidamente.
—¡Mayte! —exclamó, buscando la familiaridad de su rostro, pero lo que encontró fue algo completamente inesperado.
Al girar sobre sus talones, un ruido lo distrajo, y ahí, frente a la puerta, estaba e