Dos días después.
Pedro estaba desayunado, cuando recibió una llamada, fue al jardín a responder.
Ilse le miró confusa, pero no dijo nada.
Mientras tanto, en el comedor del jardín, Fely desayunaba junto a Pamela y su hijo.
La ambiciosa mujer no perdió la oportunidad de susurrarle al oído:
—Si logras que Mayte y Manuel se divorcien, recibirás mucho dinero, no lo olvides.
Pamela sonrió con ojos codiciosos.
—¿Qué puedo hacer?
—Debes meterte en la cama de Manuel, solo así Mayte nunca lo va a perdona