Braulio dio un paso brusco hacia el hombre, movido por un impulso feroz que no pudo contener.
Le tomó del cuello de la camisa con tanta fuerza que el tejido se tensó y casi se rasgó. Sus ojos, normalmente serenos, brillaron con una violencia que dejaba claro que había perdido el control.
—¿Y por qué estaría celoso? —escupió entre dientes—. Dime, ¿por qué? ¿Acaso hay una razón que tú conozcas y yo no?
El aire se volvió pesado, cargado de tensión.
El otro hombre lo miraba con una mezcla de desafío