-Había una vez -empezó David- una chica preciosa que desde pequeña sufría.
-Con el pasar del tiempo -continuó mi hermano- su padre la comprometió con el hijo de su mejor amigo, sin importarle nada.
-La chica con el tiempo se enamoró -siguió mi cuñada-. Era feliz. Hasta que él empezó a hacerla sufrir de nuevo.
No me estaba gustando para nada está historia. Porque era la mía. Y no era justo ni para Jorge ni para mí. Sin embargo, me mordí la lengua y escuché.
-La golpeaba -dijo Jorge-, le gritaba,