Salí de esa casa como alma que leva el diablo. Escuché Alejandro llamarme pero no iba a detenerme. Luego escuché a David. Todos estaban afuera. Viendome. Yo, por mi parte había decidido irme a pie no sé a dónde.
-Karla, por favor, para allí -escuché a David detrás de mí-. Calmate un poco, cariño.
-Es que no puedo creer que su hijo casi, por un poquito y se muere, y ellos solo les preocupa ¿qué? ¿Qué sea cuidadoso? Le pudo haber pasado a cualquiera, David.
-Eso lo sabemos todos, querida -dijo