-¿Qué tan grave es? -preguntó Alejandro llegando a su auto.
-No lo sé -respondí alterada-. Solo me han dicho que alguien tuvp un accidente. Y que me necesitaban llí de inmediato.
-Te juro que si es una trampa...
-Y un carajo, Alejandro -le regañé-. Igual hay que ir a ver. Monta al coche y calla.
Sin decir nada más, montó en su auto y sin miramiento alguno arrancó en dirección a la empresa. Más atrás David y Elliot. Todo el camino traté de calmarme y estar lo más tranquila posible para lo