—¿Sabes que siempre se rieron de mí en la escuela?, tú tenías a Cristian, yo solo te tenía a ti.
Aledis hablaba en voz baja, acariciándole el torso con su cálido aliento.
—Lo sé, cariño. —Besó su cabello para apartar las ganas de alzarla e invadir su boca.
—Un día dejaste de venir a visitarme, después de las clases me esquivabas. Muchas veces quise preguntar por qué, pero la respuesta para mí era lógica. ¿Quién querría la compañía de la rarita? Tú estabas integrado con el resto y no quería en