—Brais, nos vamos ahora mismo de aquí. —Aledis le ofreció una mirada envenenada a Elián.
Permanecía en el umbral de la puerta, debatiéndose entre salir detrás de sus amigos o enfrentar a Cristian. Estaba a punto de decantarse por la segunda opción, cuando el culpable de la situación la detuvo.
—No te muevas de aquí, nalgona. Esto solo es un pequeño inconveniente, pero todo va como anillo al dedo. —Lo agarró del brazo tirando de él y siguieron a la pareja mientras murmuraba.
—¿Te parece que está