El día comenzó de una forma gloriosa. Al comprobar el estado de su vacía cuenta bancaria en el teléfono, se percató de que acababa de recibir su primer sueldo.
«¡Y qué pedazo de sueldo! No puedo creer la generosidad de mis nuevos jefes. Tanto dinero por hacer lo que me gusta, si no me hicieran falta tantas cosas para el bebé, con esto podría marcharme a Venezuela».
La idea de volver a su hogar, ver a su familia, era algo que en los últimos días se le pasaba por la mente con demasiada fuerza. No