Cristian arrastró a Aledis desde el bar hasta su casa. No le permitiría regresar con ese hombre que la engañaba, no le daba valor y, para colmo, le robaba a su gata. Tan solo con pensar que los arañazos dirigidos a él, los llevaría Brais en su espalda, le removía las tripas. No iba a perdonarla, esa mujer era la peor de todas. Le abriría los ojos a ese que se hacía llamar amigo, y si su esposa quería volver con él ya sería problema de ellos.
No entendía la negativa de la pelirroja, ni lo nervio