Su madre siempre decía que las prisas no eran buenas consejeras, lo comprobó en el mostrador de la aerolínea, al percatarse de que no era capaz de regresar a su país como un fracaso. Las ganas por verse agasajada por su familia la llevaron a una decisión errónea. Era más fácil huir que afrontar las consecuencias de sus actos. Sobrevivió en pésimas condiciones y volvería a hacerlo. Asumiría las críticas y se alejaría, se debía un último intento. Por ella, por el bebé, por un futuro que se presen