Brais se encontraba sentando en un bar junto a su amigo, aun no daba crédito lo que una broma sin importancia había acarreado. Aquella mentira corrió con la misma rapidez que el fuego a través de una mecha que su final es hacer explosión. La información errónea detonó frente a sus ojos sin ser capaz de detenerla. Miró a Cristian pedir al camarero el quinto whisky, apenas eran las diez de la noche y ya comenzaba a estar ebrio.
«Cuidarlo mientras se bebe hasta el agua de los baños es lo único que