CAPÍTULO 9: VERDADES ENTERRADAS
El fuego crepitaba en medio del claro, proyectando sombras danzantes sobre los árboles, como si los antiguos espíritus del bosque hubieran despertado para rodearlos, atentos, expectantes, silenciosos.
Nayara estaba sentada en el suelo, con las piernas dobladas contra el pecho y los puños cerrados sobre las rodillas, mientras su respiración seguía agitada, no solo por el rigor del entrenamiento con Kael, sino también por el peso insoportable que traían las palabra