CAPÍTULO 8: FORJADA EN VENGANZA
El sonido de los golpes resonaba con violencia en el claro del bosque, como el tambor de una guerra antigua que no cesaba, martillando el corazón de la noche con cada impacto.
Nayara jadeaba con fuerza, sintiendo su pecho alzarse y caer con una furia incontrolable, aunque no se permitió detenerse ni por un segundo. No podía. No debía. No cuando cada fibra de su cuerpo ardía con la urgencia de resistir.
Kael, imperturbable, bloqueaba sus ataques con una facilidad