CAPÍTULO 7: LA TRAICIÓN DE UNA MADRE
Lidia sonrió, satisfecha, mientras el aroma espeso del té de hierbas se enroscaba en el aire como una serpiente invisible, venenosa y silenciosa. Todo había salido perfecto. No solo había tejido el plan con precisión quirúrgica: lo había ejecutado con la frialdad de quien no conoce el amor ni la culpa.
Se reclinó en su sillón preferido, ese trono tapizado desde donde había movido cada pieza con maestría, y acarició el borde de la taza como si acariciara el d