CAPÍTULO 57: ENTRE LO QUE DUELE Y LO QUE SANA
La madrugada aún no había tocado del todo el cielo cuando Nayara escuchó la voz de Mónica llamarla desde el cuarto del fondo.
—Nayara… ¿podés venir un segundo, por favor?
La joven loba se incorporó con lentitud. Había estado tumbada en la cama, mirando al techo, sintiendo el peso del día en cada músculo. Caminó en silencio por la casa, cruzando la penumbra, y se detuvo frente a la puerta entreabierta.
Mónica estaba sentada en la cama, con una