CAPÍTULO 56: CARTAS QUE LA LUNA VE
Khael Lorentz, el Alfa de Fuego de Luna, caminaba al lado de su hija. No como líder. No como estratega.
Sino como padre.
La acompañó en silencio hasta su casa, dejando que el sonido de sus pasos se mezclara con el de las hojas secas que crujían bajo la brisa de la madrugada. Y, justo antes de despedirse, la miró con esa seriedad que hacía que la Nayara loba lo respetara como a nadie… pero que la Nayara hija temiera como cuando era niña y se sabía descubierta