CAPÍTULO 53 – LA HORA EN QUE EMPIEZAN LOS CAMBIOS
El bosque comenzaba a perder la oscuridad densa de la madrugada cuando Nayara regresaba por el sendero del este. Las botas húmedas, el cabello recogido en un moño flojo y los ojos cansados. Había caminado durante horas, pero no era el cuerpo lo que la arrastraba, sino el alma. Esa parte interna que aún intentaba encontrar su sitio, entre recuerdos que dolían y gestos que, aunque sinceros, no alcanzaban para borrar el pasado.
La guardia nocturna