CAPÍTULO 54 : COMO SI EL AYER NO SE HUBIERA ROTO
El salón comunitario olía a flores silvestres, a pintura fresca y a pizzas. Las adolescentes corrían de un lado al otro con telas colgando de los brazos, cintas sueltas y ramitas de eucalipto en el pelo. Había algo alegre en el aire, pero también un poco de desorden. De ese que solo se acomoda con manos pacientes y una voz firme que sepa marcar el ritmo.
Nayara estaba en el centro, de pie, con las mangas arremangadas y una cesta de velas en braz