CAPÍTULO : El Silencio de la Verdad
Desde las entrañas de los calabozos, donde la humedad calaba los huesos y las sombras parecían susurrar secretos antiguos, Lidia sonreía. No era una sonrisa de derrota. Era una sonrisa cargada de espera, de estrategia, de veneno.
Tenía el cabello revuelto, la piel macilenta, las ojeras marcadas como las garras del tiempo sobre su rostro. Pero sus ojos... oh, sus ojos seguían ardiendo como brasas apagadas que ocultan fuego bajo la ceniza. Su cuerpo podía es