Sentada en el sillón de mi recibidor degusto el néctar sublime de los dioses, mientras pienso en la cita de la noche. Totalmente motivada con tal acontecimiento, me dirijo a mi consultorio, esperando pasar, al menos un día tranquilo, sin agobios, ni angustias que drenen mis energías.
- Doctora ¿Qué tal durmió? - pregunta Isabel con un poco de malicia.
- Estoy bien - contesto sonriendo - lista para comenzar el trabajo del día.
Penetro en mi oficina y reviso los papeles con los apuntes que