- Doctora - llamó mi asistente con insistencia.
La miré con curiosidad, mientras interrumpía la organización de algunos documentos que se encontraban encima de mi escritorio. Pregunté con mis ojos y, ella acostumbrada a trabajar conmigo, lo entendió. Conocía mis expresiones, por lo que, aclarándose la garganta, agregó:
- Ya están aquí sus próximos pacientes.
Asentí parándome de la silla, me alisé el vestido rosa y, acomodando mi pelo, exclamé sonriendo:
- ¡Qué pasen! El deber llama.
Minut