Con una sonrisa radiante y auténtica me dirijo a la recepción, donde se encuentra Isabel y le digo con evidente alegría.
- Acabo de llamar a Max - viendo su confusión ante mis palabras, agrego - el muchacho con el que salí ayer. El médico.
Ella esboza una ligera sonrisa, un poco maliciosa y satisfecha.
- ¡Qué bueno! - exclama - el médico te va a hacer olvidar a Saúl. Es apuesto, delicado, inteligente y...
La miro con fastidio, ha mencionado al innombrable, al hombre que quiero desterrar