Aquella mañana comenzó como cualquier otra, con la misma rutina, las mismas palabras y las mismas acciones. Besé a mi chico antes de levantarme de la cama. Él aún dormía, porque la jornada anterior había sido intensa en el hospital y mis labios apenas rozaron su piel para cuidar su merecido descanso. Descalza me dirigí hacia el balcón, contemplando por el enorme ventanal sin cortinas el naciente día, que prometía un cielo despejado y un clima veraniego, respiré hondo y me dispuse a comenzar mi