- Soy hombre - dijo - y su actitud provocativa rompió las pocas barreras que tenía.
Lo miré con desconcierto, casi con asco. Era tan básica su conducta y tan irracional que solo pude esbozar una mueca que no lograba esconder la repugnancia que me daban sus palabras.
Miré a la jovencita con lástima. Su inocencia la había llevado a entregar su corazón a un hombre que no merecía la más mínima gota de consideración.
- Yo... era tan ingenua - logró decir a modo de justificación y con una mirada d