El resto de la cena fue corto y cordial, forzado por la cortesía de los socios de Alex, que hicieron preguntas sobre mi trabajo. Respondí con soltura, sintiéndome respaldada, poderosa. La sensación de ser un fraude se había evaporado porque Alex me había validado públicamente, sin dudarlo, sin pestañear.
Al salir, Alex no me soltó la mano. Su piel estaba caliente, la mía sudaba un poco, y el contraste era una corriente eléctrica que recorría mi brazo.
—Vaya show —susurré, mientras esperábamos e