La tensión seguía ahí, vibrando como una cuerda a punto de romperse, mientras ambos se mantenían frente a frente, sabiendo que el próximo paso —el más mínimo— podría cambiarlo todo.
La puerta se cerró con un clic suave, casi imperceptible.
Ese sonido, tan simple, marcó el inicio de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
Nathan no se movió durante varios segundos. Seguía de pie, con las manos apoyadas sobre el borde del escritorio, los ojos fijos en la espalda de Logan.
El ambiente es