El sonido de los objetos cayendo aún resonaba en la oficina.
El aire parecía haberse detenido. Nathan permanecía de pie, respirando con fuerza, con las manos apoyadas sobre la mesa y la mirada fija en Logan, como si en cualquier momento fuera a lanzarse sobre él.
Logan no se movía. Tenía las mejillas coloradas, el pecho agitado y la garganta seca.
Entre ambos había un silencio espeso, tan denso que cualquier palabra habría sonado a ruptura.
Nathan se enderezó lentamente, su mirada aún clavada e