Semanas después.
El centro de convenciones de Milán estaba repleto. Las luces del techo formaban una danza hipnótica sobre la pasarela central, mientras los asistentes —empresarios, diseñadores, periodistas y celebridades— se acomodaban en sus asientos con copas de champán en la mano. Afuera, una fila de autos de lujo decoraba la entrada, donde los flashes de las cámaras capturaban cada rostro importante que llegaba al evento más esperado del año: la presentación de la colección “Rider Soul”,