Logan fue el primero en salir del hotel aquella mañana. Lo hizo con el corazón retumbándole en el pecho, la camisa aún impregnada con el perfume de Nathan y la mente hecha un desastre. Había insistido en marcharse antes, en no levantar sospechas, en aparentar normalidad.
El aire frío de la calle le golpeó el rostro, pero no logró despejarlo. Sentía que cada paso que daba hacia su mansión lo alejaba un poco más de la cordura.
Cuando llegó, el portón principal ya estaba abierto y el murmullo dent