El teléfono aún vibraba débilmente sobre la cama, como si insistiera en revivir aquella llamada que Logan había terminado con un gesto brusco.
Su respiración seguía agitada, los músculos del cuello tensos, las manos frías.
Caminaba de un lado a otro por su habitación, sin rumbo, sin hallar una postura que lo calmara. Sentía que el aire pesaba, que cada bocanada lo asfixiaba más.
La culpa lo perseguía como una sombra implacable.
Las palabras de Nathan seguían resonando en su cabeza, una y otra v