La luz del amanecer se cuela suave por las cortinas entreabiertas, tiñendo la suite de tonos dorados y azules pálidos. Logan aún duerme, acurrucado sobre el lado de Nathan, con una pierna entrelazada a la suya y una mano descansando sobre su pecho como si temiera que desapareciera.
Nathan está despierto desde hace unos minutos. Lo observa. Cada línea de su rostro relajado, cada leve movimiento en sus pestañas al soñar… y sonríe. Su sonrisa no es de triunfo ni lujuria. Es tranquila. Real.
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