El reloj marcaba las nueve en punto cuando Nara entró en el edificio de Force Corporation. Sus tacones resonaron firmes contra el suelo de mármol, y su porte elegante contrastaba con el ambiente sobrio y gris del lugar. Llevaba un vestido blanco sencillo, pero el brillo en su mirada denotaba una mezcla de determinación y ansiedad.
Cuando la recepcionista le informó que Nathan ya se encontraba en su oficina, Nara respiró profundo y caminó hasta la puerta principal del despacho. Golpeó suavemente