El aire entre ellos se volvió más denso. Logan suspiró, y su voz salió más áspera de lo normal.
—Nara… si ya sabes cómo es Nathan y lo que esta boda significa para él, ¿por qué insistes?
Ella lo miró fijamente, sin bajar la cabeza.
—Porque, a diferencia de él, yo sí lo quiero —dijo con firmeza, y aquellas palabras lo atravesaron como un cuchillo—. Para mí no es un matrimonio por negocios.
Logan apretó la mandíbula. Sintió un nudo en la garganta, una mezcla de rabia, tristeza y algo peor: culpa.