La semana del evento al fin había llegado. Palermo amaneció envuelta en un aire expectante, como si toda la ciudad respirara al compás del nombre de Nathan Force y su imperio, Force Corporation. Era el evento de moda más anticipado del año, el primero bajo su dirección total después de meses de preparación, viajes, y noches enteras sin dormir revisando telas, cortes y bordes.
Nathan no era un hombre que mostrara nervios, pero esa noche algo lo traicionaba: el leve tamborileo de sus dedos sobre